Los niños no son idiotas

A veces pensamos que los niños son unos idiotas, que poco saben sobre lo que hacen, piensan o incluso sienten. Los niños tienen la desventaja de no contar con kilometraje suficiente en la vida, por lo que poco se puede esperar de ellos. Sin embargo, su gran potencial es la capacidad de procesamiento de información -¡pero si son como esponjas!- y la observación libre de “etiquetas sociales”.

Lo cierto es que los niños operan según una lógica que, si tienes la suficiente curiosidad, puedes dilucidar muchas cosas interesantes de cómo ellos entienden el mundo (o incluso el mundo que los adultos les presentan). Los niños no son locos o berrinchudos para hacer las cosas porque sí. Al igual que los adultos, los niños también operan según acciones lógicas en un marco de lo que ellos consideran razonable. Entender así las cosas resulta muy saludable psicológicamente para quienes no solo tienen la obligación de entender el mundo, sino también la de ser comprendidos por sus tutores. Se trata, entonces, de una relación bidireccional: atrás quedó la idea de una educación dictatorial en el que el menor debe amoldarse a los estándares y exigencias.

Hoy me sucedió un episodio curioso, por ejemplo, con mi sobrina y su deseo de adquirir un kit de accesorios para sus muñecas. “Necesito como 260 dólares para comprarme unas cositas en Internet”, me comentó de buenas a primeras en Facebook. Yo me quedé lelo y sumamente preocupado, porque veo que no tiene idea del valor real del dinero. Ella me explicó que se trata de miniaturas japonesas de la empresa Re-Ment y me copió unos enlaces para que viera algunos productos.

Me tomé el tiempo de revisarlos e investigué un poco a la empresa. Descubrí que sus productos son en realidad juguetes coleccionables en sí mismos y no simples “accesorios” para muñecas. De ahí que el precio sea excesivamente alto para lo que se supone que era.

Con esta información, volví al chat con mi sobrina y le expliqué la situación. Si realmente quiere accesorios para su muñeca, pues podemos conseguirlos a un mejor precio, porque los productos de Re-Ment son en realidad coleccionables, no juguetes en el sentido estricto del término. Felizmente me entendió y ella aprendió que no todos los juguetes son iguales ni exclusivamente para niños. Lo que sí es que tengo que trabajar el tema del dinero: no concibo cómo a su edad (recién cumplirá diez años) puede pedir sin tapujos 260 dólares.

Me sentí feliz por la experiencia, porque yo también hubiese querido a alguien como yo que me entienda mis gustos singulares en la niñez y la adolescencia. Aún recuerdo la Navidad cuando le dije a mi padre que deseaba los cómics de Tintín que aún me faltaban. Yo con mi propio dinero me había comprado solo unos tres y me faltaban varios. “¡Pero cómo vas a pedir eso! ¡Es como que te compre Condorito!”, recuerdo que me lo dijo con una sonrisa tan burlona que me sentí estúpido. No sabía qué pensar en ese momento: o es que realmente mis gustos son de segunda categoría o es que no se toman el tiempo de al menos escucharme.

Al menos agradezco la experiencia para ser más cuidadoso respecto a lo que sienten o piensan los niños. Pude ser un amargado toda la vida. Hay personas que se anclan en el pasado exigiendo respuestas que nunca llegarán. Felizmente no es mi caso. A veces hasta siento envidia por el tipazo de padre que mi hijo tendrá. Pensarlo me hace sonreír.

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