Lo que nadie se imagina 19

Fue divertido salir a caminar contigo esta tarde. La pasé muy bien, hablándote de mis cosas a lo largo de la avenida de siempre iluminada y vertiginosa. Lo mágico es que no me juzgabas por lo que te confesaba mientras te detenías en las vitrinas para revisar algún descuento. Siempre hacías lo mismo: encender un cigarro en cada cruce, revisar el móvil -no te preocupes, nunca me ofendió ese manía tuya ante mi presencia- y perder el tiempo en una que otra tienda de moda.

Se te veía tan linda, con esos labios tan pequeños como si cupieran en el beso de un niño. Linda hasta los huesos. Me pregunto si eres tan guapa así incluso en las radiografías. Solo espero poderte acompañar mañana por la tarde y todas las tardes que sean necesarias hasta que finalmente… sepas que existo.

Pues si no me juzgabas por lo que contaba, era porque no escuchabas. Si no escuchabas, era porque te seguí por toda la avenida sin que te enteraras, deteniéndome justo a tu lado en las vitrinas para ver cómo nuestro reflejo me hacía creer que andábamos acompañados. Y así lo vengo haciendo durante tres meses y catorce días, siempre desde la calle 15 hasta la 23, entre las 5:23 p.m. hasta las 7:13 p.m, de jueves a sábado y ocasionalmente los domingos. ¿Qué dices, salimos mañana a caminar?

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