Pagarás con maldad

Del silencio te conocí. No sé qué llevas encima, qué sientes o cómo resultó la vida para que de millones de espermas, sea yo quien plantó cara a la realidad. No sé y espero no saberlo nunca, porque de la ignorancia aprendí que puedo inventarte tantas veces como desee, tantas como las veces que solté de tu mano para insultarte, sintiendo asco incluso de las caricias vacías, de la prosapia y su apelativo que me recuerda de dónde vengo pero no a donde voy.

No puedo decir que te conozco con solo haberte visto tantos años. No sé qué cosas dibujan tu sonrisa si es que alguna vez sonreíste de verdad. Eres tan desconocido como los exabruptos y la intolerancia, como las contradicciones de tus deseos, tus palabras y tus acciones.

Aún así aprendí lo que nadie merece aprender. Será por eso que te agradezco y te beso la mejilla como Judas, esperando quitarte la vida cuando ya no exista más tiempo para nosotros. Verte morir cuando crea conveniente en la más plena felicidad para así creer que en el punto final de los finales fuiste alguien que sonríe.

No me juzgues por lo que lees, que mis razones tengo y quizá nunca las entiendas. Siempre fue así, las razones y las disculpas nunca tuvieron espacio, porque la incomprensión se solucionaba con el silencio perpetuo, con la censura al pasado y con heridas abiertas que no cicatrizan, sino que pudren el alma hasta gangrenarse.

Contigo morirá la hipocresía, las alergias y el egoísmo. Tendrá lugar mi libertad del secuestro en convivencia. Toda una maravilla que tus ojos no apreciarán, porque de la muerte renace las ganas de vivir… y la vida es lo que privas a quien nunca pidió nacer.

Así creo que siempre se dieron las cosas entre los dos: nunca pedimos lo que nos tocó vivir. Tenemos en común el mismo destino y -a nuestra manera- un universo complejo y antonomásico. Porque quizá soy ahora quien me enorgullezco ser por la vida de mierda que tuviste, de la cual aprendí a través de ti a nunca replicar en mi futuro.

Te viví con los sentimientos más negativos para descubrir luz en las tinieblas y con dolor te doy gracias por hacerme de valores en la desesperanza. Que mi vida ya no es la tuya, que ahora siembro lo que pagaste con maldad.

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