El día que conocí la nieve

El pasado 4 de enero de 2017 fue un día histórico: sentí por primera vez la nieve. Eso ocurrió durante mi visita a Varsovia, en Polonia. Hago hincapié en el término “sentir”, porque en Perú sí tuve la oportunidad de ver la nieve desde lo lejos del Huascarán, solo que nunca experimenté la sensación de estar en medio de una nevada.

Me sentí tan feliz por algo tan sencillo. Imagino que la experiencia es algo parecida a quienes ven por primera vez el mar en su vida. Obviamente, la diferencia es radical: una cosa es perderse un fenómeno climático y otra un elemento geográfico de tamaña envergadura. Lo que sí puede ser similar es la experiencia de hallarse con algo que por primera vez ocurre en la vida.

Por otro lado, también sentí algo de tristeza. Experimentar la nieve recién a los 27 años genera cierta nostalgia por el tiempo que tuvo que pasar para recién sentir algo tan básico como cristales de hielo cayendo sobre mi cabeza.

Uno se pregunta: “¿Qué carajo he estado haciendo todo este tiempo?”. Luego evalúas brevemente tu vida y en el fondo sientes ganas de no detenerte nunca, de no dejar la vida sin antes haber experimentado al menos las cosas más sencillas que uno se puede permitir.

Sentir la nieve y demás experiencias son gratis. Lo único que cuesta es el traslado, pero en un mundo tan globalizado no hace falta ser millonario para irse de un lugar a otro con bajo presupuesto. Sí requiere de un sacrificio, es verdad, pero sacando cuentas es posible lograrlo con esfuerzo. Lo único caro puede ser el pasaje, lo que viene después es cuestión de supervivencia, ingenio y estar abierto al algunas incomodidades: compartir dormitorio, comer algún bocadillo en la calle, dormir en las estaciones de tren, llevar poca ropa, etc.

La idea es priorizar la experiencia. De lo contrario, solo viviríamos a partir de nuestras comodidades -hasta donde el dinero nos permita- y nunca experimentar las cosas más esenciales y gratuitas de nuestro mundo. La nieve polaca significó eso para mí: una invitación a seguir experimentando más “primeras veces” en la vida.

Foto: André Suárez

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