Última pieza

Una promesa sencilla es la que deseo ahora mismo. Una garantía de vida que no requiere mayor esfuerzo, incluso el más hipócrita de las atenciones.

Quisiera solo segundos por sonrisas sinceras, solo tiempo por experiencias mínimas pero eternas de memoria: piezas de una novela en la que quisiera hundirme hasta ahogarme en mi propia imaginación.

Un reclamo de vida, eso necesito para callar la ansiedad o rescatar los trozos de carne de mis mejillas o medicar los lunares benignos del brillo de mi alma.

Pido entre muchas cosas la factura de un nacimiento equívoco, las cuentas oscuras a las que debo nada…

No creo pedir gran cosa, no creo pensar solo en mí, y eso acaba empeorando la situación. Es como tender la mano redentora al obstinado por vivir bajo el mar.

Lo que pido es la bienvenida a la gracia entregada y sin devoluciones, el trampolín donde brinque hasta el infinito mi entrega absoluta y dormirme en la cama de plumas al final del abismo. Pido una orquesta en la última pieza de mi vida para acabar mi obra antes de los aplausos, desaparecer antes recibir las gracias.

Foto: Carlo Raso – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

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