Sin título

Odio las puertas
que se abren,
la roñosa partida
de tus cartas
y mis naipes.

Odio las escaleras
que te invalidan
las alas,
las pestañas
que se erizan.

Odio, pues,
lo que no
se me ocurre,
la ausencia
de atención.

Odio, además,
los “además”
que se quedan
en más
y hago menos.

Odio los índices
que te hacen menos.
Menos que el colofón
Odio los testamentos
y odié decirte adiós.

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