Antes de empezar a correr

Sus rodillas destilan sangre inocente
y la voz se le quiebra
como las ramas de los arbustos
en su apresurado andar.
No tropieza más que con las piedras
que del camino solas se hizo
para que pocos la vean pasar.
Y corriendo levita sobre el suelo:
el susto no la recompuso.
por qué debía tanto correr
sin tener más destino
que el agotamiento,
más regocijo que energías
no tener.
Y mientras anda,
no tenía más que la carne
que la viste haciéndola
igual al paisaje.
No tenía más que la memoria
que le sobró ayer,
esa que valió la pena
no sustraer de la cola
al abismo del olvido.
La misma memoria
que no quiso haber tenido
antes de empezar a correr.

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