La de la televisión…

Cómo brillas sin luz propia,
cómo lo hacés, bella estrella
de cielos con llamas halógenas
y cuerpos maquillados
que te rozan,
que te tocan,
que te hacen brillar
sin luz propia.

Que te pintan la sonrisa,
que encubren tus facciones
con almizcle: piel maravilla
de mujer con poca vida
por treinta segundos
de barata propaganda.

Cuál será tu destino
cuando huyes de quienes te ven.
Dónde irás sin más que decir
que te vas para desaparecer
contigo, con lo que faltó
de ti en tus mentiras
cuando dices ser feliz,
que el detergente quita
las manchas de la ropa,
incluso la de tu vida.

Te fuiste desafiante al equilibrio,
corrías experta con tacos altos,
manejas el arte de bajar las faldas
aunque no haya nada que bajar.
Fuiste como quien huye de un autógrafo
pedido por los ojos.

Corriste…
corría…
aún corre…
como el tiempo que te envejece
cuando regreses a la misma cámara
y te digan que la edad se te fue
en el chasqueo producido
entre tus dedos
y la publicidad, la fama, la poca ropa…

La mierda de verte
sin saber más
que te fuiste
con un cambio dedo
al control remoto.

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