En las buenas y en las malas…

Siempre me ha llamado la atención las personas que buscan al amor ideal con una especie de lista de las cosas que debe y no debe tener. Lo más interesante aún es cuando estas mismas personas acaban enamorándose de otras que son diametralmente opuestas a lo que buscan. Esta truculenta situación se traduce en una sola frase: “la humanidad nunca sabe lo que quiere”.

El problema de andar por la vida con las cosas “supuestamente claras” en un campo tan inestable como el amor es la frustración que genera cada rompimiento, porque la gente y los ideales sobre la pareja ideal cambian constantemente. El humorista estadounidense Chris Tucker lo resume bastante bien: “Cuando salen con alguien (…) esa no es la persona real, están mirando a sus representantes. No saben con quién demonios están”.

Enamorarse no es fácil. Lo más importante es aceptar nuestra vulnerabilidad emocional, reconocer que nuestros ideales amorosos tan solo son fotografías de lo que queremos en un momento determinado. Esto viene acompañado de una profunda introspección sobre quiénes somos realmente y qué cosas han hecho que seamos aparentemente los mismos en el tiempo.

Si de algo debes enamorarte es de la esencia que caracteriza a cada persona, porque así no te llevarás sorpresas a lo largo de los años. ¿Pero qué es esta esencia? No es otra que la lógica que guía las acciones más impredecibles de nuestro ser amado. La idea es llegar a amar esa persona como un universo cuyo funcionamiento tiene una lógica única y encantadora. Amarla no por cómo es en un momento determinado, sino amarla por cómo se desarrolla en el tiempo. Esto hace que amemos todo de ella.

Qué fácil es amar a alguien cuando no se enoja o no se pone celosa, pero eso no es amor, porque está condicionado a una circunstancia emocional. Amar de verdad sería sentirse atraído por cómo se enoja, cómo se ríe, cómo reniega… Amar sus caricias y el peor de sus odios, porque en cada gesto se halla la persona que nos cautivó el corazón. Amarás a esa persona no como el resultado de un todo, sino como un proceso en constante funcionamiento que origina ese todo. Amarás no solo para ser feliz, sino también para estar triste con esa misma persona… Cuando amas esa esencia, sencillamente no dejarás de amar.

Foto: André Suárez

 

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