El Teatro Soledad

Hay quienes creen que viajar absolutamente solo es algo aburrido y hasta tedioso. En cierta parte tienen razón, pero es entonces cuando la creatividad hace que la calle y la naturaleza se vuelvan un escenario teatral en el que tú eres el único espectador si observas con atención a los transeúntes.

¡Pero qué puestas en escenas tan cómicas! Recuerdo haber visto a una niña de cuatro años casi renegando con su mamá para que esta le invite un chocolate a su papá. O esa vez en la que un padre se esconde de su hijo para observar qué reacción tiene el menor al enterarse que se perdió en el centro comercial. O los niños que se divierten hasta el hartazgo reventando pompas de jabón en medio de la plaza… ¡y la más pequeñita solo atina a seguir a los más grandes, porque sus manitas no alcanzan las burbujas!

Uno en realidad no viaja solo, sino con una mochila bien pesada de recuerdos que se aproximan cada vez que observamos la vida del resto. Recordamos nuestra infancia, a nuestros hijos, a los sobrinos, a papá… a mamá… a todos. Incluso experimentas una especie de catarsis teatral en plena calle, llegas a sonreír pensando qué diría tu mejor amigo de lo que eres testigo. Sonríes hasta parecer loco, pero un loco feliz.

¿Pero sabes qué es peor que la soledad? Como diría el poeta español Ramón de Campoamor,  “es todavía más espantosa la soledad de dos en compañía”.

Foto: Frédéric Raspail – Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

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