Ni Albert Einstein supo qué quiso…

La vida de un genio debe ser bastante difícil. Imagina, por ejemplo, tener el poder se saber precisamente qué quieres. ¡Qué aburrido sería! Desconocer algunos aspectos de nuestra personalidad es divertidísimo, porque así puedes llevarte una sorpresa (agradable o no) en cada experiencia. Se eso se trata la vida: tratar de no cagarla siempre en el segundo, tercero, cuarto, quinto… intento.

Saber que Albert Einstein preparó una lista de condiciones para su primera esposa, Mileva Maric, te hace sentir más cómodo cuando crees que hace falta intelecto para solucionar las cosas más sencillas de la vida. Incluso para él fue errado tener una idea de lo que quiere, a pesar de su estupenda habilidad cognitiva.

Entre las cartas que la pareja se enviaba durante 1897 y 1903, se reveló que Albert preparó una lista de condiciones para que su esposa vuelva a estar con él. Aquí te repasamos los términos.

  1. Deberás asegurarte de:
    1. mantener mi ropa y la del hogar en buen estado.
    2. servirme tres comidas en mi habitación.
    3. mantener mi dormitorio y el estudio limpios, y debe quedar claro que mi mesa de trabajo es para mi uso exclusivo.
  2.  Renunciarás a cualquier tipo de relación personal conmigo en la medida en que no sean estrictamente necesarias por razones sociales. En concreto, renunciarás a:
    1. sentarte en casa junto a mi.
    2. pasear o viajar juntos.
  3. Tendrás en cuenta los siguiente puntos:
    1. no mantendremos relaciones íntimas, ni me reprocharás nada.
    2. dejarás de hablarme si yo te lo pido.
    3. abandonarás mi dormitorio o estudio inmediatamente, y sin protestar, si te lo pido.
  4. Te comprometerás a no menospreciarme delante de nuestros hijos, ya sea con palabras o hechos.

Mileva aceptó las condiciones hasta que no pudo más en 1914. Huyó con sus hijos de Berlín y formalizó el divorcio en 1919.

Me pregunto si Albert nunca dudó al redactar esta especie de manual sobre cómo satisfacerlo en una relación, porque nunca somos el mismo a lo largo del tiempo. Sorprende aún más que el intelecto de Einstein haya intentado convencer a su esposa que “teniendo las cosas claras” todo sería fácil. ¡Como si una relación fuera un contrato! Lo mejor es dejarse llevar por el sendero de la incertidumbre hasta sentir una química imposible de explicar entre dos personas aparentemente inconexas, pero juntas bajo el mismo misterio.

Lo mejor es descubrirse y fascinarse cada día con nuevos aspectos de nuestra personalidad. Nada de creerse feliz para el resto de la vida con una especie de fórmula mágica, racional hasta en las letras pequeñas del enunciado. La ignorancia puede convertirse en curiosidad, y esto último en el alimento del espíritu crítico.

Fuente de la foto: Wikipedia

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