Cuando te conviertes en tus padres

Admito no haber dado muchos regalos a mi madre por su cumpleaños, pero cuando me tocó hacerlo, tuve que desembolsar lo que no gasté en 25 años. Me acuerdo bien cómo fue ese día, porque sentí por primera vez que se invertían los papeles respecto quién engríe a quién a la hora de comprar obsequios. Y no solo eso, sino también las regañadas.

Faltaban pocos días para el onomástico de mi madre y justo ese mes se le malogró una tablet barata que había comprado por 300 soles. Le presté la mía para que se entretenga hasta que vea en Saga o Ripley alguna que pueda comprar. Ella no perdió el tiempo, revisó en los folletos de ambas tiendas y me mostró cuál quería: una Lenovo Yoga Tablet, la más reciente en el mercado tecnológico.

Finalmente fui con ella a Saga junto a mi hermano para comprar el gadget. Habían dos modelos de la mencionada tablet, uno más caro que el otro por el tamaño de la pantalla. Yo no sabía cuál comprar hasta que vi a mi mamá divertida por su nuevo futuro regalo; incluso, le preguntó inocentemente al vendedor si la tablet soportaba ‘Candy Crush’, porque era su aplicación favorita. ¡Más linda! Se me partió el corazón, me acordé inmediatamente cuando ella me compró el Nintendo 64 a finales de los noventa y veía en ella el rostro que de seguro yo puse hace más de 10 años.

“André, compra el más chiquito, ese estará bien”, me dijo con unos ojos complacientes, sabiendo que no suelo gastar mucho dinero al mes. Sin responderle, me acerqué donde el vendedor y le dijo que quiero la más cara. Mi madre en silencio sonrió y me agradeció por el detalle, el cual me tuvo pelotudo durante tres meses por las cuotas, pero tener a la mamá feliz no tiene precio.

Pasaron los días y como todo juguete nuevo, el tiempo hace que pierda interés. “Mamá, está arañada la pantalla aquí. Cuídala pues, ya sabes el esfuerzo que hice para comprarlo”, le reproché como si ella fuera mi hija. Es lindo sentir esa sensación, porque me di cuenta que la regañé con las mismas palabras que ella me decía cuando desatendía mis juguetes.

Son esos momentos, cuando se invierten los papeles, en los que uno descubre lo que ha aprendido durante la niñez. Uno cree que no se copia de los padres, pero resulta mentira. La cadena de televisión británica Gold encargó un estudio para determinar a qué edad los hombres se convierten en sus padres. Tras consultar a 2.000 adultos británicos, se concluyó que la edad es a los 38 años. “El futuro es brillante para los hombres, dormir más, tener tu silla, soltarse en la pista de baile y encontrarse divertido, parece que los 38 son la edad a la que los hombres pierden oficialmente sus inhibiciones”, dijo Steve North, director general de Gold.

Yo tengo 25 y ya me siento así. Será que mi madre me crió extremadamente bien o soy un joven con alma de viejo que se percata de los pequeños detalles alegres de la vida familiar.

Foto: Alex Akindinov – Wikipedia. Bajo licencia de Creative Commons

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