Lo que nadie se imagina 7

Tiene toda la apariencia del practicante torpe que quiere hacer bien las cosas: lentes gruesos de carey, camisa algo percudida, jeans torpemente planchados -con las líneas del pantalón de vestir- y un peinado con raya al costado tan estúpido como sus braquets con ligas de varios colores (según cuenta, así le salía más barato el tratamiento). Anda por los pasillos del edificio por la madrugada cargando una infinidad de folios a toda prisa. Estornuda tres veces, se suena los mocos con el mismo papel higiénico que viene utilizando reiteradamente desde que salió de casa en dirección al trabajo.

La oscuridad de la noche clareaba con el pasar de los minutos, que se traducen en oro para los jefes de Sergio Clavijo que aguardaban por los expedientes. Ya casi el reloj marca las 5:00 a.m. y es hora de joderle la vida a un desconocido de la gran ciudad.

-¡Carajo, esta es hora de llegar!-, cómo habrá sido el grito que Clavijo salta por la impresión y deja caer unos cuántos folios. Mientras los recoge, no deja de escuchar los bramidos de su superior.- No te molestes en levantarlos, mejor tira las demás hojas al suelo y patéalas a mi escritorio. Hagamos algo divertido.

Clavijo se sube los lentes mientras cumple atónito la orden de su jefe. Deja caer los folios al suelo, los junta todos en un montón y lo empuja hacia el escritorio, a medio metro de la carpeta. Acto seguido, se sube los jeans, se suena nuevamente la nariz y mira a su jefe dando a entender que cumplió con el mandato.

Éste último se levanta del cómodo asiento de cuero negro y esparce las hojas con el pie despectivamente. Le pide al practicante que se aleje de los papeles por unos instantes, para luego dirigirse a la puerta de la oficina, no muy lejos del montón de folios. Sin prestar atención a los buenos modales, hace un sonido asqueroso con la nariz que luego se concreta en la boca. Una consistente flema verde vuela por los aires y cae aleatoriamente sobre una de las páginas del suelo, el destino ya ha elegido a su víctima.

-Levanta ese papel y dime de quién es-, ordena a Clavijo mientras saca un pañuelo de su bolsillo trasero para limpiar la saliva que había caído en su mentón.
-Este se llama Jonathan Paredes. Viendo sus publicaciones en Facebook e información recogida en la Reniec, tenemos material para que nos haga el día-, extiende el papel a su jefe con cierta satisfacción.
-Tienes razón, es sumamente jodible, creo que tenemos muchas de sus preferencias en nuestros archivos. Además, tengo ojo para este tipo de huevones, se nota que está templado. ¡Ya tenemos por dónde cogerte! Me gusta este sujeto, si supiera cómo lo vamos a cagar. Chibolo, lleva el papel al especialista para armar la operación.

Clavijo sale de la oficina subiéndose por enésima vez los jeans y limpiando el papel del escupitajo que aún chorrea por una de las esquinas.

***

Jonathan Paredes acabó de trabajar y sale de la oficina para dirigirse al ascensor. Se coloca los audífonos para relajarse un rato camino casa, tratando de distraer su mente de las desavenencias del amor. “Ahora volvemos luego de este precioso tema de Joe Cocker ‘You are so beautiful’ para los románticos en sintonía. ¡No te despegues!”, anuncia la locutora radial con una carcajada que sabía a sarcasmo. Jonathan mira el cielo grisáceo de la ciudad camino a casa preguntándose cómo las radios logran dar con la canción perfecta en los momentos indicados.

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