Donde no se ve, pero está

Algo que resulta muy difícil es dar por sentado una realidad emocional cuando esta transcurre en un período largo de ausencia física. En buen cristiano, ¿cómo haces para autentificar tus sentimientos cuando desapareciste por buen tiempo? Una cosa es lo que nuestras bocas dicen, pero otra es convencer de dicha realidad cuando esta fue tapizada por el prejuicio o, peor aún, el olvido forzado.

Lo bueno de escribir -y ser cachivachero- es que tengo pruebas de lo que sentía varios años atrás en viejos papeles escritos a máquina, pero me pongo en el lugar de quienes no tienen esta costumbre. De solo imaginarlo, me paraliza la idea de no poder autenticar lo que la mente procesaba fugazmente a lo largo del tiempo. Que las cosas no hayan sucedido necesariamente no significa que no se pensaron, meditaron y hasta reflexionaron. El vacío no necesariamente es ausencia de un elemento determinado, sino también las razones por las que existe dicha ausencia que origina la sensación de vacío.

No sé por qué, pero el párrafo anterior me recuerda mucho el drama del anime japonés: los villanos no nacen así, sino que las circunstancias hicieron que estos cambiasen de actitud hasta notar, usualmente antes de morir, que hicieron mal y se reconcilian con el pasado. En ese lapso de maldad como mecanismo de defensa, no sorprende que la sensibilidad humana tenga estados de flashback ocasionales, haciendo en la memoria continua una serie de lagunas ocasionales. ¡Pero los flashback, prueba ineludible de los sentimientos, no pueden ser probados tan fácilmente!

Hace unas semanas estaba lidiando con este tema, ya que como he contado anteriormente en el post Coming Soon, tuve que comprobar lo que sentía durante siete años de ausencia, a pesar de que esta fue repentina e inmadura, y no correspondiente al ‘André’ que soy ahora. Si no fuera por los poemas que guardaba en el escritorio, no habría podido conquistar parte de la confianza de quien se vio forzada a olvidarme. Felizmente, las oportunidades siempre aparecen cuando uno las busca con determinación, porque si no tuviera esta costumbre de guardar todo, la mejor solución que te recomiendo es invertir tu tiempo presente, aunque parezca nada comparado al vacío que dejaste, hasta que este conforme una nueva línea del pasado, una nueva muestra reivindicatoria de que sentiste de verdad. No es fácil, ya que nunca se sabe si se tendrá éxito al final -y sentirás frustración-, pero no hay peor empresa de la que no se hace.

Foto: Darwin Bell – Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

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