Para Sirio

Un testigo que vio la Tierra
de lejos pero nunca ausente,
vestido de luz en tiniebla,
posa su brillo en mi frente
acariciando el recuerdo
que el suspiro doblega.

Desde allá arriba observa
cómo la pesada humedad
se hace de a pocos niebla…
¡Qué ahora huele a mar
y se adormecen las manos
sintiendo lluvia de arena!

Y ella que duerme lejos
donde la luz nocturna
no alcanza a proyectar
la sombra de mi cuerpo
donde ella soñó amar.

Dónde te hallaré mañana
cuando quisiera contarte
que entre las estrellas
te recuerdo con el alma
que abandonó mi cuerpo
para ahogarse en un mar
de piel cubierto de arena,
donde te miré de reojo,
ya que cuando beso,
beso como quien duerme
preparándose para soñar.

Foto: Costa1973 – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

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