La musa es…

Antes de rebanar el alma con mi perspectiva, acudamos a los griegos. Como refiere la Real Academia Española, las musas eran “cada una de las deidades que, según la fábula, habitaban, presididas por Apolo, en el Parnaso o en el Helicón y protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. Su número era vario en la mitología, pero más ordinariamente se creyó que eran nueve”. Acerca del significado cotidiano del término, la Academia sugiere entenderse como “el ingenio poético propio y peculiar de cada poeta” y “estar inspirado para componer versos, acudirle con afluencia y fecundidad las ideas”.

Lo común que tienen las tres acotamientos del mismo término es que se trata de un ente metafísico, entendido como deidad, inspiración e ingenio, que provoca la disposición del escriba a crear en el campo de las artes. ¿Pero dónde se halla esta materia no tangible en la realidad? Personalmente, opino que se encuentra en el amor. No trato de ser cursi, sino puntualizar en la pasión desbocada por las incertidumbres más bellas de la vida: el querer sin racionalizarlo en número o razones suficientes, sino querer por querer porque se siente querer.

Cabe destacar que no se trata de cualquier amor. Uno puede llegar a amar a l@s enamorad@s, pero no por esto la musa inspirará poesía. Por ejemplo, este blog lleva tres años de funcionamiento y recién escribo versos. Por lo tanto, hay un elemento más: el deseo de sacrificar la vida, de no temer a lo que podemos llegar a hacer por amor. Escribir es una inversión de tiempo, de vida y de ternura, una labor mecánica que es resultado de una pasión por expresar una verdad inacabable. Digamos que es una ofrenda de vida a quien inspira las emociones más entrañables, aquellas que creemos que han desaparecido de nuestras vidas en la inocencia y nos golpean la cara de adultos.

A lo largo de mi vida habré tenido tres musas -contando la de ahora-. Curiosamente, la primera fue la que inició mis párvulos versos en el 2003 (¿2004?), mientras que la actual hizo que volviera a la lírica tras tildar a esta de inútil, infantil y perversa.

Volviendo al tema, ¿qué es una musa? El ente metafísico antes referido, pero depositado en una mortal, elevándose así a un pedestal donde brilla inalcanzable. Ahora más crecido, siento que una musa es lo más preciado por quienes se reencuentran con sus temores creativos al titularlos de amor; y, de esta manera, se reinventan en hombres mejores, despojados del miedo al fracaso cuando la vida se trata de eso: “El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más bella de la vida”, diría Stendhal. Una musa que inspira, incluso, cuando desaparece o amenaza con huir. Y el escriba atrás, bebiendo de su memoria, para decirse al final de cada poema: “Están bonitos los versos, pero aún no me hago sentir lo suficiente”.

PD: Curioso, esta publicación me lo inspiró también una musa. Espero que lo esté leyendo ahora.

Foto: AlicePopkorn – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

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