No pueden andar

Cuando digo que aterrizo del cielo,
es porque mis pies no pueden caminar.
Que del beso aterricé al suelo
y traje un globito de las estrellas
que deambulaba errante con miedo
sobre un mar cargado de estelas.

Y ese globito lo até a mi dedos,
lo cuidaba de su propia mente,
quería huir, la atajé con mi pecho,
escuchó los latidos del corazón.
Quería escapar, dejarme lejos.
Temblaba como quien siente amor.

Ya cuando me desgarraba la piel,
su fuerza agarrotaba mis brazos,
pasé mis labios por su corteza,
frené sus tirones a besos.
Cerré los ojos y, en la tiniebla
de mis párpados, el silencio.

Y sentía un cuerpo acercarse,
podía verla sin abrir los ojos,
tomó mis manos, de mi piel adueñándose
el calor de mi dermis y despojos
de una imaginación inacabable.

La visión volvió con el tiempo,
al tiempo que ella me besó,
y me halaba por nuevos senderos
para hacer caminos al andar.
Le dije que me espere un rato,
que mis pies no pueden caminar.

Foto: Christian Holmér (crsan) – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

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