Nacer es algo antinatural

Quién iba a decir que leyendo la historia de las ecuaciones matemáticas uno iba a aprender cosas de la vida. El libro “Cinco ecuaciones que cambiaron el mundo”, de Michael Guillen, resume detalladamente el contexto científico y social en el que los pensadores Isaac Newton (Ley de la Gravitación Universal), Daniel Bernoulli (Ley de la Presión Hidrodinámica), Michael Faraday (Ley de la Inducción Electromagnética), Rudolf Clausius (Segunda Ley de la Termodinámica) y Albert Einstein (Teoría de la Relatividad Espacial) desarrollaron las funciones matemáticas más importantes de la humanidad.

Fue la historia de Clausius que me motivó a compartir la siguiente información sobre la energía universal, el calor y lo antinatural que resulta la vida humana. Exacto, esa es la palabra: antinatural. Mejor que Guillen lo explique haciendo referencia a la muerte de la esposa de Clausius cuando daba a luz a su última hija.

La creación de la vida era un acto antinatural, un deshacer provisionalmente al natural desorden de las cosas. En resumen: ¡la vida desafiaba las leyes de la naturaleza! ¿Y cómo era posible ese desafío a las leyes de la naturaleza? ¿Cómo era posible que la vida llegara a darse en un universo regido por una ley enemiga de la vida?

Clausius sabía ahora la respuesta: como todo comportamiento antinatural, la vida era el resultado de cierta máquina cuyos efectos coercitivos eran capaces de invertir las leyes del comportamiento normal, a la manera de una refrigerador que era capaz de hacer fluir el calor de lo frío a lo caliente. La máquina de la vida (…) era un misterio, desde luego, pero una cosa era segura: inevitablemente sus maquinaciones suponían cambios de entropía, algunos positivos y otros negativos.*

Su propio retoño recién nacido correspondía al mayor cambio negativo de la entropía de la máquina: es decir, al caos de las sustancias químicas y biológicas que daban como resultado la combinación de un óvulo con un espermatozoide y que en último extremo se convertía en un organismo sumamente ordenado, disminuyendo así la desorganización del universo. Como tal, la vida representaba una enorme pérdida, una experiencia poca provechosa para el casino cósmico.

Según la ley de la entropía de Clausius, que no perdonaba, sin embargo, los cambios negativos útiles de la entropía producidos por la máquina de la vida siempre debían quedar superados por los cambios de entropía positivos, cambios de desperdicio. En otras palabras, científicamente hablando, la creación de cierta cantidad de vida se veía inevitablemente acompañada de una cantidad de muerte muchísimo mayor.

* La entropía es un concepto utilizado para referirse a los cambios de energía y de temperatura como una sola variante. Según la Ley de la No Conservacion de la Entropía, la entropía positiva (cambio de energía y de temperatura que se dan espontáneamente – ejemplo: una taza de café enfriándose a pocos) resulta siempre mayor a la entropía negativa (cambio de energía y temperatura obligado por una máquina – ejemplo: refrigerador que fuerza al calor a ir de un sitio frío a otro más o menos caliente). De ahí que haga referencia a la “máquina de vida” y las probabilidades mayores de muerte que a la vida.

Foto:  Lunar Caustic – Wikipedia

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