¡También puede pasarte! Leyendas urbanas de terror

Las historias del amigo de un amigo han durado generaciones y siempre es bueno recordarlas para vivir con el riesgo excitante de que pueden ocurrirnos algún día. Las leyendas urbanas, de alguna manera, reflejan nuestro temor por lo inesperado en épocas actuales. Lo interesante es que no se tratan de narraciones de fantasmas ni espíritus, sino de la concatenación de hechos que realmente sí pueden ocurrirle a cualquier persona.

El profesor Jan Harold Brunvand, de la Universidad de Utah en Estados Unidos, recopiló en su libro ‘El fabuloso libro de las leyendas urbanas’ experiencias que parecen ser ciertas por la fuente de la historia, como cartas enviadas a periódicos locales o registros policiales que están echados al olvido.

A continuación comparto cuatro leyendas.

El barril

Un hombre compró en el centro de Bodmin Moor, Inglaterra, una vieja casa en medio de una granja. Para sorpresa del dueño, encontró en la bodega media docena de barriles. La madre del dueño quería cortar a la mitad los envases de madera para plantar naranjos, pero se dieron cuenta que el barril no estaba vacío, así que fueron a la bodega más cercana para abrirlo y saber qué contenía.

Bastó con abrir un pequeño agujero en el tope del barril para sentir el olor del ron, por lo que el hombre decidió primero beber todo el licor antes de cortarlo por la mitad. Luego de beberse junto a su familia los 150 litros de alcohol, decidieron cortar por la mitad el barril.

Terrible fue el susto que se llevó al ver que dentro del envase había el cadáver de un hombre en perfecto estado. Según era la costumbre en las antiguas colonias, los muertos eran transportados en barriles de licor (más barato que la salmuera) para que sean enterrados en lugares lejanos.

Mano lamida

Una chica tenía la costumbre de que su perro siempre durmiera debajo de su cama. Cada vez que quería asegurarse de que todo iba bien, metía la mano debajo de la cama para que el perro la lama, pista que no había intrusos en el departamento.

Una noche la joven oyó un ruido, como de un perro jadeando. Metió la mano debajo de la cama y el perro la lamió. Esa misma noche, más tarde, le apeteció comer algo y fue hacia la cocina. En el trayecto, escucha el goteo del grifo del baño, por lo que se acerca para cerrarlo bien.

Para su sorpresa, en el fregadero había un cuchillo ensangrentado y en la ducha el cadáver del perro apuñalado junto con una nota que decía: “Los humanos también sabemos lamer”.

Solo en casa

Una pareja noruega estaba dispuesta a viajar por vacaciones y esperaba la llegada de la niñera para que cuide de su único hijo. El tiempo pasaba, el equipaje estaba listo y la niñera que estaba retrasada.

La madre del menor recibe la llamada de la niñera. Ella le explica que tuvo una avería y que se iba a demorar. La pareja se ofrece a recogerla, pero la niñera dice que está muy cerca, que llegará en solo 15 minutos. La madre, entonces, deja al niño en su sillita para disponerse a salir junto a su esposo al aeropuerto.

Durante el viaje, los padres nunca se enteraron que la niñera había muerto atropellada a solo cuadras de la casa. Cuando la pareja regresó, encontró a su hijo muerto de inanición todavía atado a la silla en la que le habían dejado.

Involuntario

Un patólogo jubilado llamado Ellis Darley de Cashemere cuenta la siguiente historia sobre uno de sus antiguos colegas.

Su compañero, otro científico, creció en Yugoslavia. Durante la Segunda Guerra Mundial, este amigo sufrió la falta de alimentos que se veía aliviada cuando recibían apoyo de familiares estadounidenses.

La comida llegaba en latas y, al parecer, llegó una sin etiqueta. Era polvo y la familia yugoslava pensó que se trataba de suplemento vitamínico, por lo que procedieron a consumirlo. El polvo era echado sobre la comida, porque daba un sabor distinto.

Semanas más tarde, llega una carta desde Estados Unidos avisando que uno de los abuelos de la familia había fallecido y que en la lata enviaban sus restos incinerados para ser enterrado en su país natal.

Foto: Flickr – Jason Pier in DC

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