Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido

Ella te mira atravesándote el cerebro pidiéndote explicaciones. Tú callas. Alza la voz, no quiere abrazarte, está desesperada… y tú sigues callando. Ella amenaza con irse a su casa, que ya no quiere verte, dice no entenderte y exige comprensión al mismo tiempo, pero la sigues mirando sin atinar a responder. Se aleja y otra vez vuelve hacia ti para ver si reacciones ante una falsa amenaza. Al final dice que se va y efectivamente lo hace, y la sigues mirando sin decir nada.

Lo que la fémina no sabia por las calenturas del momento era que mejor es callar cuando embarga la rabia. Quedarse callado, de hecho, no significa que no te importa un carajo, sino que ante la agresividad mejor es tener un espacio para pensar las cosas y qué mejor espacio que nuestra mente, sea de lo que fuese el tema que se está discutiendo. Además, en términos antropológicos, esta postura hace del sujeto de nuestra breve historia un observador no participativo, lo que amplía el panorama para interpretar con quién realmente estamos pasando el tiempo cogido de la mano.

Las veces que uno hace esto, retraerse en el infinito espacio mental, uno concluye cosas como “¡Vamos! No te pasarás toda la vida con ella”, “Total, en un momento íbamos a terminar” o “Pero como jode, esperaré a que se tranquilice y ahí veremos”. Cualquier pensamiento es bueno mientras no se prolongue la discusión en círculos interminables de orgullo, del “¡ves como eres! No me prestas atención”.

Las veces que pasé por escenarios parecidos siempre me tildaron de ser muy racional, pues acabo preguntándome ante la discusión temas como si realmente uno merece estar gastando el tiempo en reconciliar lo que no tiene solución, mientras la inflación parece estar subiendo en el Perú. ¡Vamos! Hay cosas más importantes que lo emocional en materia práctica que se traduce en una satisfacción emocional, como el dinero que lo compra todo (hasta la felicidad).

Consejo. No te amargues la vida. Marca el camino y ve si te siguen. Abre tu mente cuando los platos dejen de volar en la cocina para unir los escombros en miras de un mejor futuro. Y si te los vuelven a tirar… ni los levantes, no seas cojudo.

Foto: Flickr – Ilya

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