¡No te lo creas! Ese carro nunca llegará

A menos que seas hijo de papá, no te creas la promesa del carro cuando ingreses o termines la Universidad. Yo me la creí y me fui de bruces con la realidad, aunque ahora, ya resignado, creo que mejor es no tenerlo por la ola de asaltos y dinero suficiente para costear el mantenimiento.

Si tu viejo ya te lo prometió, no le creas y dile “no, papá, me lo pago yo”, pues macho que se respeta sin Social Day se compra las cosas con el sudor de su frente. Además, así tu viejo no te saca en cara que a lo largo de tu vida fuiste un deuda viviente para su bolsillo.

La estafa que mi padre me hizo (lo llamo estafa, porque lo prometió) arrancó primero “Ya, hijo, ingresas a la Universidad y te compro el carro”. Claro, así me motivó a ingresar, pero una vez adentro me dijo que mejor trabaje una vez egresado para que pague el seguro del vehículo. Una vez que acabé la Universidad, mi padre arremetió diciéndome “bueno, no podré pagarlo por qué estoy jubilado”.

¡Qué rayos! Me hizo el puente con mucha habilidad. No es su obligación, es cierto, pero digamos que es el premio a la meritocracia injusta existente en mi familia. Pasó un tiempo considerable para que mi padre me ofrezca nuevamente un carro, pero le dije que el transporte público es la solución más barata. El carro es un lujo y ante la insistencia de mi padre, quizás sintiéndose en falta conmigo, de que iba a comprarlo, le dije que ya no quería y que mejor es comprarse uno sus propias cosas.

No soy resentido, si eso es lo que piensas, sino que la dureza de mi padre respecto al tema hizo darme cuenta una enseñanza más profunda: la de Leónidas dejando que su hijo sea golpeado brutalmente para hacerse hombre. En este caso específico, la rotura de una promesa para mostrarme lo cojudo que fui, aprendiendo del panorama socioeconómico para darme cuenta que estoy condenando al transporte público por ser la mejor opción a mis pocas necesidades.

Si esa fue su enseñanza, pues lo aprendí mejor que él. Meses después comentó maravillado en la mesa sobre lo barato que es tomar bus luego de años de manejar su propio vehículo. Por lo menos, me ahorré 30 años de vida para llegar a la misma conclusión. Ni modo, gracias papá.

Foto: americanartmuseum – Fotopedia

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