La estúpida excusa de los padres

La peor excusa de quien reconoce que está en problemas es echar la culpa a los padres. “No puedo dejar el licor, porque mi padre una vez me dijo…” Hacer eso muestra no tener carácter ante las experiencias personales, pues pienso que uno se siente triste o incomprendido, porque así desea sentirse. Nadie puede obligarte a sentir de una manera determinada, a menos que tú así lo decidas.

La tristeza no se contagia, sino se genera. La decepción no se contagia, sino se genera. La vergüenza no se contagia, sino se genera. Todo lo que sentimos lo generamos nosotros luego de evaluar las experiencias y dictaminar cómo sentirnos ante las circunstancias.

Culpar a los padres de nuestras costumbres (y malas costumbres) es una manera muy fácil de huir de nuestras responsabilidades emocionales. Creo que esto sucede, porque responsabilizar a los padres es regresar a los errores acontecidos en los mecanismos de crianza en los que sentimos una dependencia emocional directa. Mi padre me lo supo resumir en una frase a los 18 años: “Ahora dejé de ser tu padre para ser tu amigo”.

No eches la culpa al resto, menos a ti mismo, por cómo te sientes, sino aprende a cómo procesarlo para decidir cómo sentirte en el momento adecuado.

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