Manifiesto a la paternidad moderna… O metida de pata

La siguiente publicación es una suerte de discurso que preparé para a alguien especial, que ahora será madre moderna por cosas del destino (¿o descuido juvenil?).

Ser padres es una tarea tan difícil que por eso creo que no existen universidades sobre la materia, ni institutos especializados, pese a que muchos crean que la labor se limita a los quehaceres de la casa. Nada para más equivocado, pues criar a un niño no es lo mismo que mantenerlo económicamente. Incluso, al mirar el pasado y conocer la historia de nuestros padres, como que la lección es difusa para entender exactamente cómo ser mejores papás que nuestros papás.

Me parece penoso meditar sobre estas cosas que aún no experimento por la sencilla razón que alguien más joven que yo sí las sobrellevará. No soy nadie para juzgar a las personas, así que advierto que me limitaré a expresar mis opiniones desde mi punto de vista al que trataré de ser más imparcial posible.

En primer lugar, traer un niño al mundo no debe ser desgracia alguna, pero sí lamentable en el sentido que se quemaron etapas de un porrazo (dependiendo de la edad del madre/padre moderno). Lo peor aún, siento, es el orgullo infantil de quienes justifican el embarazo porque dicen sentirse más felices alejados de la familia o escondidos en una casa que no es la suya.

Segundo lugar, el amor no es el mismo del enamorado que del padre. Las experiencias y responsabilidades son distintos por más promesas que se juren compromisos. Afirmar el futuro bajo ilusiones resulta peor al hallar la crueldad de la necesidad económica, la conciliación familiar, la carrera profesional truncada y una autocensura a reconocer la culpa de que aún no era tiempo para crecer tan rápido con un bebe en brazos.

Tercero, suponiendo que existe el beneficio de la duda sobre el futuro de la pareja de padres jóvenes, los logros personales pasan a ser segundados por el cuidado del niño. No promuevo el egoísmo, sino que reconozco que el interés en uno mismo debe dejar se existir para desarrollarse como padre o madre. Obviamente, este desprendimiento personal va de la mano con la edad y los jóvenes (con mano en el pecho) sueñan con aspirar a mayores logros que ser madre acabando la educación secundaria.

Cuarto, con un trasfondo más personal, ¿qué sentido tuvo recuperar el tiempo que no aprovechaste para acabar ahora siendo madre, cuando así apresuraste el valor de crear una familia? No trato de decir que los niños son un obstáculo personal, pero sí un proyecto que debe considerarse en el mejor momento de la vida, cuando se le puede dar todo aquello que los padres no tuvieron, sin que sienta la necesidad, que nada le falte. Amamantar un niño con un brazo mientras el otro guarda un pan medio mordido sin un título profesional como individual hacen una mesa precaria.

Quinto, pues creo que el suspiro que acabo de exhalar ya que no dejo de preguntarme hasta cuándo dura la ceguera de una felicidad infantil en los próximos 15 años. Repito, digo no sentir pena por el embarazo, sino por las circunstancias tan inmaduras camufladas en un orgullo estúpido sin mayor reconciliación con el pasado, con los padres que serán abuelos o con uno mismo.

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