Mirar a alguien hasta el rabillo del ojo

Camino al trabajo trato de ver siempre a los ojos a las personas que se cruzan en mi camino, más aún cuando se trata de alguna joven muy linda. El motivo no es para nada sexual, sino un juego tonto de saber hasta que punto puedo robarme la mirada de esa persona. Si ella, quien pasa delante de mí, me mira hasta el rabillo del ojo es porque tuvo éxito en un 100%, pero si el contacto dura apenas un parpadeo, pues fue un fracaso.

Realmente no se gana nada, aunque siempre pienso que se puede animar una conversación con ese detalle. La frase perfecta sería: “Discúlpame, ¿te conozco de un lugar?” y la conversación giraría en cualquier tema, desde vidas pasadas hasta gustos en común por una prenda en especial. Aún no lo hecho, pero sí amigos se han dado cuenta que he logrado llegar hasta el rabillo del ojo de la otra persona. Entonces, ¿por qué no animarme?

En parte creo que se debe por el miedo al ridículo, pero viendo las cosas con cabeza fría nada malo puede ocurrir. Si todo acaba en una patinada olímpica para el Libro de los Récords Guinness, la anécdota no pasará de ese día, pues quedaste en el anonimato y, con suerte, en una buena historia para la otra persona. Ahora me siento más confiado en poder hacerlo, solo que aún creo no encontrar el lugar apropiado. Quizás un café o un pub en donde asistan personas mayores que yo, pero juro que un día lo haré. Cuando eso pase, pues verán una nueva publicación como esta.

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