Yo nací en 1989 y sí me acuerdo de Sendero

“Un pueblo que no sabe su historia es un pueblo condenado a una irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche.”
Marcelino Menéndez Pelayo

Sendero Luminoso y todo el recuerdo de una ola de violencia en el Perú han vuelto al debate público, ahora que Movadef pretende inscribirse como partido político ante el Jurado Nacional de Elecciones. La ministra de Educación, Patricia Salas, estuvo a favor que los textos de quinto de secundaria dediquen mayor atención en el conflicto armado a partir del 2013. Los medios comenzaron a hacer las típicas videoencuestas a varios jóvenes que escupen la misma ignorancia: “no sé quién es Abimael Guzmán”. Varios conductores de noticieros diagnosticaron que el problema es generacional, que los jóvenes nacidos en los 90’s no experimentaron el terror de Sendero, por lo que el apoyo al Movadef es posible, a pesar que prediquen el pensamiento Gonzalo.

Yo nací en 1989, tuve casi tres años cuando ocurrió el atentado de Tarata y ocho cuando liberaron a los rehenes de la embajada de Japón asediada por el MRTA. Mi padre fue policía durante la época; y mi madre, viuda de un soldado del Ejército que falleció en acción.

Los recuerdos que tengo sobre las acciones de Sendero eran el daño colateral que experimentaba a raíz de mis padres. Recuerdo que siempre salía con mi hermano mayor, nunca pasando de las nueve de la noche. También los apagones mensuales, el miedo de mi madre cuando ordenaba a mi hermano mayor ir a comprar velas y la historia de una truculenta luna de miel en el interior del país cuando Sendero se hacía sentir a costa de sangre.

Cómo olvidar el casi desmayo de mi madre al ver por el Canal 9 las explosiones de la embajada japonesa y el terror en su ojos en saber que su esposo podría perder la vida. Claro, luego yo muy curioso le pregunté a mi padre si formó parte del operativo que ingresó a la embajada, pero me dijo que la Policía solo operaba en los exteriores. Bueno, eso no le quita lo de héroe, ¿no?

Otra cosa que me acuerdo de la época era cuando mi padre viajaba a la selva por remanentes subversivos en 1998 y cómo se quitaba el aro de compromiso para proteger cualquier venganza contra nuestra familia. Mi madre parecía estar acostumbrada a esos momentos. Total, ya la guerra interna le quitó un esposo, ¿qué probabilidades habían que no vuelva a pasar?

Debo admitir que para el momento no significada nada para mí, hasta que recién ahora, a mis 22 años, vuelvo tras mis pasos y siento que la historia es más grande que mis recuerdos. ¿Cuántas familias habrán pasado por lo mismo yo? O mejor aún, ¿cuántas familias no habrán pasado por lo mismo que yo, pues al final mi padre sobrevivió? Sea como fuese, sea policía o civil, la muerte inminente es igual para todos, así como dolorosa.

Bueno, demos la vuelta a la página. Sí, yo nací en 1989 y de Sendero se habló únicamente 3 semanas (3 clases de Historia del Perú) en mi colegio. Era un colegio privado, cerca de mi casa, y recuerdo muy bien que hablar de Sendero era un tema muy temido por el profesor. Incluso, enseñar “Los siete ensayos” era un tabú para su vida como docente. Algo que valoro de ese profesor es que me enseñó el problema básico de la idiosincrasia nacional postsendero: la hoz y el martillo, símbolo del comunismo internacional, no necesariamente significa terrorismo, sino un movimiento político.

Hoy por hoy siento que mis recuerdos no valen nada, por lo menos cuando veo que jóvenes no ven más allá de las conclusiones y principios que no se basan en una experiencia. Luego me enteré, claro está, que hubo violaciones a los derechos humanos por ambos bandos y las conclusiones de la Comisión de la Verdad. Pero yo, nacido un 1989, no apelaré en esta publicación a las razones políticas y éticas sobre un movimiento que aboga a la liberación de Abimael Guzmán, sino que muchos jóvenes como yo (y la generación noventera) hagan un poco más de memoria sobre lo que era vivir en la época de Sendero. Ser curiosos con el pasado, preguntarse por una época que nuestros padres evitan hablar, que sepan que sus padres guardan una herida que aún no cicatriza en la historia nacional…

Y lo repito, yo nací en 1989 y me acuerdo de Sendero…

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